miércoles, 12 de marzo de 2008

Bandolerías

BANDOLERÍAS

Sin duda que hay una alarma de simples competidores entre el gobierno y quienes le desconocen y operan contra su ley y su orden. Parecería que teme que le arruinen el negocio, que prosperen y levanten frente a él una tienda similar en bandolerías; de tal modo se apresura a blindarse hasta en, la piel de los dientes y a hacer gritar a su prensa todo el registro de sus fulminaciones. Cualquier castigo, reacción, escarmiento, le parece poco. ¡Bandoleros, bandoleros!

Pero yo sudo en mis surcos de la mañana a la noche, sueño sobre mis carillas años tras años, crío mis hijos, los alzo de sus pañales hasta que me pasan en estatura; trabajo, trabajo... Y un día llegan la leva o el recaudador o el juez, patean mi puerta y me lo quitan todo: la libertad de escribir cosas que no les convienen, el mejor nutrido grano de mi cosecha y hasta el muchacho que he criado y que es como un brazo nuevo en mi cuerpo viejo. Necesitan mi silencio, el producto de mi esfuerzo, la carne moza, el retoño nacido al pie de mi vida. Y hay que dárselo, no más, pues si protesto o me niego me llevan a mí también, me arrancarán como a un árbol de raíz para hacerme secar en sus calabozos. ¡Bandoleros, bandoleros!

¿Hacen más los que, al decir de los diarios, en Santa Cruz y el Chaco, asaltan las estancias y los comercios, comen, beben y se llevan camiones y caballadas? Hacen menos. Protestamos que ésa es una competencia de minoristas frente a las bandolerías en gran escala y de todo el ramo que realizan los gobiernos. Los dueños legales de eso ni sudaron en los surcos, ni soñaron libertad, ni hicieron más que apropiarse lo que pertenece a todos. Eran sólo propietarios, bandoleros protegidos por la ley, hijos donde otros son entenados. Digámoslo de una vez: bandolero es ser patrón, presidente de república, diputado o general. Esas sí que son bandolerías de órdago. Las otras, ¡bah! ...

Estamos con toda el alma con esos bravos muchachos que bandolerean al Sur y al Norte, en las selvas y en las pampas. Si bajaran hasta aquí, ahora que empiezan las campañas electoras, los harían candidatos de algo. Seguro, no saldrían nada, como no saldrán de pobres bandolereando; pero gritarían tanto burgueses y socialistas competidores. Y, si salieran, paciencia; peor para ellos. Serían gobierno, entonces. ¡En vez de bandoleros, bandolerazos!

Rodolfo González Pacheco