domingo, 12 de julio de 2009

Dos Hombres Honrados

Dos Hombres Honrados
de Octave Mirbeau
(1921)

El más gordo, de sonrisa bonachona, decía a un vecino mientras comía a dos carrillos sin parar mientes en lo que dejaba encima de la mesa el mozo del mesón.

— Desengáñese usted, amigo, el robo será siempre un crimen.

— Le supongo propietario.

— Gracias a mi constancia, a mis ahorros y a mi trabajo.

— ¿Es usted industrial?

— Y comerciante.

— ¡Ah!

— Y usted, ¿a que negocios se dedica? Tiene usted cara de bolsista.

— Pues no tengo cara de lo que soy: me dedico a robar.

— ¿A robar?

— Como lo oye usted.

— Y lo dice con orgullo.

— Con el mismo que emplea usted en decir que es comerciante y industrial.

— ¡Mi negocio es legítimo!

— Lo sé; casi tan legítimo como el mío, aunque no tan digno.

— ¡Como que no tan digno!

— Naturalmente: no es tan digno porque es menos expuesto y más hipócrita. Yo robo teniendo la ley en contra y usted roba al amparo de la ley misma. No da en peso cuando vende, no paga la medida cuando compra, no repara en envenenar a su clientela vendiendo...

— Es un contrato libremente estipulado.

— ¡Sí! sí; pero al hacer el pacto se habla de cierta calidad, de cierta medida, y de cierto precio...

— Es que...

— Déjeme usted hablar y lo hará usted después hasta el día del juicio.

— No puedo oír tamaños disparates.

— Comiendo tranquilo estaba cuando usted me interrogó. Yo soy más franco que usted y llamo robo a mi negocio... Respecto de la industria, no me negará usted que emplea artículos malos vendiéndolos como buenos y que da a sus operarios el 5 por 100 de lo que producen.

— Buena la haríamos los comerciantes si vendiésemos al precio que compramos, y no lo haríamos mejor los industriales si las primeras materias nos costasen el dinero que sacamos de la producción.

— Harían ustedes un mal negocio, como lo hago yo el día que vuelvo a casa con los bolsillos vacíos.

— Es que yo trabajo.

— Lo mismo digo, y más personalmente que usted, puesto que usted...

— ¡No, señor! Usted roba.

— Según a qué llame usted robar.

— Roba el que se apodera violentamente de lo que no es suyo.

— ¡Ah, vamos! De manera que el ladrón se diferencia del comerciante en que éste roba pacíficamente. No me negará usted en este caso que el segundo es una decadencia del primero. Ustedes son ejércitos de mercenarios sin valor para robar a mano airada. Han legalizado la falsificación y el escamoteo. Mejor diría que han pervertido el arte de robar, y que por antiestéticos, si no por otra cosa, merecerían ir a la cárcel.

El ladrón y el comerciante se levantaron de la mesa sin saludarse siquiera. Al año el uno se encontraba en presidio fuera de la ley por haber robado una cartera, y el otro hacía leyes en el parlamento, porque, habiendo jugado a la baja en combinación con el ministro de Estado, ganó muchos millones y pudo representar al país con el dinero que había quitado a numerosas familias que vivieron después en la miseria.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

da a sus operarios el 5 por 100 de lo que producen

Además de reflexionar sobre lo ridículamente moralista que suena vuestra teoría del valor-trabajo, revisad el reparto del valor añadido bruto estadounidense entre el trabajo y el capital ;) Quizá (seguro, de hecho, pues vuestra ignorancia de la economía es vasta) os sorprenda conocer que los capitalistas no se embolsan más del 30% de la renta.

Quijote dijo...

Más ridículo que todo cuanto se te ocurra es la suposición de que aquellos a quienes acusas tengan que creer necesariamente en la teoría del valor-trabajo ricardiana. Ese comentario generalista, grueso, sólo se entiende si desconoces completamente los diversos puntos de vistas que dentro del espectro económico Anarquista hay al respecto. La teoría laboral del valor sólo es válida para mutualistas y colectivistas. Ellos consideran que se puede tasar objetivamente el valor de la fuerza de trabajo y en consecuencia el del bien producido por la misma. El mutualismo lo aplica al intercambio, y lo consigna en base al precio de costo, el colectivismo sólo al salario. Esta teoría (que por cierto comparten los marxistas) no tiene ninguna validez para los comunistas libertarios, también en su rama individualista (de Godwin a Novatore). Los capitalistas “modernos” consideran que, siendo imposible darle un valor concreto a algo que depende de factores arbitrarios, el precio ha de serlo también (en base a las “leyes del mercado”; simple prerrogativa capitalista). Los anarco comunistas piensan que el precio es igualmente indefinible, pero, a diferencia de los capitalistas, debido a que no puede valorarse igual el trabajo de un individuo que el de otro (por ejemplo, alguien joven y alguien anciano) o las necesidades de los consumidores. En consecuencia, en vez de fijar un precio para algo objetivamente invalorable, tal como hacen los capitalistas (precio presuntamente aleatorio, movible, espoleado por la oferta y la demanda, pero que responde en puridad al lucro comercial y empresarial, el bruto interés crematístico, y no a la imposibilidad matemática), el comunismo libertario propone la derogación de la criba que supone el precio y apuesta por la libertad económica más infravalorada: la de consumo. Es decir, si algo no puede tasarse, unos proponen fijarlo según la voluntad de unos sobre otros (capitalismo) y otros liquidarlo (anarquismo comunista).

Quijote dijo...

El artículo de Mirbeau sólo señala la contradicción del propio sistema capitalista. Un pan costará hoy 15 céntimos y mañana 20, sea como sea es un límite, y si mañana alguien lo toma por O, o si sólo paga 5, tanto las fuerzas estatales oficiales como las futuribles (también presentes) fuerzas privadas parapoliciales, detienen al expropiador y lo acusan de robo. Pues bien, si un trabajador produce bienes que después (con descuentos de materiales, impuestos y demás) el empresario vende por 1000, y si el empresario paga al trabajador por estos bienes producidos en conceptos de salario 10, según la propia normativa que defiende la propiedad capitalista, los 990 que se queda el capitalista (descontando lo que haya producido el propio capitalista si ha trabajado) suponen un flagrante robo. Reduce está cantidad cuanto quieras. El 1% de ganancia no retribuida no deja de ser robo. En definitiva, si vendo X a 1000, si le afirmo al comprador que ese es el precio que estimo, y después pago 10 por esa misma X, y le afirmo al trabajador que eso es lo que le corresponde, he sido yo él que ha establecido el valor de un bien (obviamente por encima de lo que he pagado por él). Pues bien ¿puedo extrañarme si la parte perjudicada en esta transacción reclama lo que considera le corresponde en justicia cuando yo mismo me quejaría si los compradores me pagaran sistemáticamente menos por mis bienes de lo que le pagan a la competencia por los suyos? Lo que se me antoja moralista es este planteamiento; la moral farisaica no deja de ser moral.

El sistema hablará de la “voluntariedad”. Pero si acorralamos de hambre a un sujeto éste estará tan dispuesto a tomar ese pan, sin más prescripción que su voluntad, como a trabajar a cambio de cualquier salario que se le ofrezca. No hay voluntariedad donde a nuestras presuntas “decisiones” les acucian las condiciones materiales. Tampoco donde nuestra capacidad lectiva-volitiva es presionada por elementos exógenos. Una decisión voluntaria conlleva ausencia de condicionantes, y el autoritario condicionante económico es de los principales.

Y creo que eso es todo. Puede volver usted a las marismas del status quo.